¿A quién le conviene tener productos de vida útil corta?

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La obsolescencia programada consiste en una serie de factores que reducen la vida útil de los productos, pero ¿realmente se gana más fabricando productos de corta duración?

Lo barato sale caro

La creencia popular indicaría que los resultados sólo aplican en personas con alto nivel de ingresos, sin embargo el experimento se realizó en productos de precio bajo, medio y alto, y todos los consumidores mostraron una reacción similar. Los productos más económicos mostraron un aumento del 44%, los de precio medio de 51% y finalmente los productos de lujo aumentaron en un 46%.

Los resultados varían en función del tipo del producto. Mientras una maleta de viaje aumentaría sus ventas hasta en un 128% unos jeans lo harán sólo del 55%. Los números guardan una relación con la percepción que el consumidor tiene de los objetos. Según los expertos, el hecho de que la maleta sea un objeto de uso poco frecuente (pero intenso en aeropuertos y trayectos) implicaría que la resistencia sea una característica muy valorada. Por otro lado, el efecto de la moda en la ropa puede hacer que la duración sea un aspecto secundario.

Por otro lado, una impresora con una vida útil garantizada puede aumentar hasta en un 70% mientras que un celular lo hará sólo en un 41%. Según los investigadores, ello se explica por la mala fama de las impresoras y el carácter innovador y en constante evolución de los celulares.

Si ponemos atención al perfil de los usuarios, veremos que la obsolescencia programada tiene los días contados ya que 75% de jóvenes de entre 25 y 35 años serían sensibles a la vida útil del producto como argumento de venta.

Finalmente, conviene recordar que diversos actores son responsables de la obsolescencia programada de un producto. Por un lado está el fabricante que diseña el producto, pero también el revendedor que elige la línea de productos en venta o el consumidor que decide comprar un objeto nuevo en lugar de reparar el que se ha descompuesto. No obstante, para el 80% de los participantes el principal responsable es el fabricante.

Para Thierry Libaert, consejero del CESE e impulsor del estudio: “los resultados son contundentes, la obsolescencia programada es un serio problema medioambiental y social y los ciudadanos son conscientes de ello. Una mayor información sobre las características del producto y la duración de vida pueden significar una diferencia real”.