Así puede afectar el poder a la personalidad de los líderes

llamada

No es casual que expertos de diversos campos, desde la gestión de empresas a la filosofía, se hayan interesado por limitar correctamente el concepto del poder. Una investigación sobre cómo puede afectar el poder a las maneras en las que las personas se sienten, piensan y actúan, tomó varios estudios sobre ejecutivos y empleados en distintas organizaciones, basados en las diferencias individuales en el dominio que se ejercía entre los grupos.

Desde puntos de vista tan distantes pero complementarios como la psicología, la neurociencia, el coaching y la investigación animal, el informe final sugería que tener el poder activa típicamente el pensamiento, el habla y la acción. Las personas que ostentan poder en un equipo tienden a hablar más, interrumpen a los otros y expresan cómo se sienten y lo que quieren más que los individuos que no ocupan esa posición. Como conclusión, el poder es capaz de magnificar la expresión de la personalidad de alguien.

Las investigaciones también han revelado que los poseedores del poder son, de manera frecuente, los primeros en actuar en distintas situaciones, desde las emergencias hasta las negociaciones que se dan fuera del trabajo. Este sentido de la iniciativa puede explicar por qué también tienden a trabajar con entusiasmo para obtener sus objetivos, y por lo tanto se enfocan en esta estrategia del trabajo. Al mismo tiempo, evitan más la multitarea.

Las personas que ocupan posiciones de poder también se identifican fuertemente con los roles que desempeñan: un estudio realizado en 15 países pidió a los ejecutivos de varios negocios que enumeraran metas que consideraban importantes. El crecimiento del negocio fue el más fundamental, seguido por la continuidad de la compañía y los beneficios del mismo. Los intereses relacionados con la familia ocuparon, en promedio, el último lugar.

Otras conclusiones que se derivan de los estudios es que los líderes se encuentran a menudo en un estado de ansiedad conocido como “motivación de enfoque”, que intensifica ciertas emociones y los empuja de manera casi nerviosa a cumplir sus objetivos profesionales, pero también sus deseos personales, con el fin de obtener las gratificaciones que esperan lograr de ello (incluyendo la satisfacción personal con el deber cumplido). Las personas en el poder también son más comprometidas, optimistas y asumen más riesgos.

Como es evidente, la gente en el poder se siente especialmente motivada a la hora de mantener su posición. Ponen de relieve sus capacidades siempre que pueden a través de demostraciones verbales y no verbales, como hablar con una gran confianza en sí mismos, y ocupando un mayor espacio. En el caso en el que vean amenazados sus egos por un choque entre su posición y cierta debilidad en la visión que tienen de sí mismos o ante situaciones de inestabilidad, tienden a reafirmar su posición dominante recurriendo a métodos autoritarios.

El poder aporta una fuente potente de energía a la gente que lo posee, para perseguir cualquier objetivo que consideren importante. Son especialmente expresivos y comunicativos, y pueden desempeñar papeles diferentes, especialmente aquellos que promueven los intereses de la organización y los intereses personales. Sin embargo, tener poder conlleva un riesgo real de corrupción y de un comportamiento egoísta.

Los rasgos negativos pueden ser mitigados a través de la capacitación en responsabilidad social y gracias a una buena cultura de empresa. Las organizaciones que se centran sólo en el beneficio y miden el éxito exclusivamente en datos numéricos pueden llevar a los directivos a descuidar otras cosas, como las personas que hacen posible el desarrollo del negocio. En cambio, las organizaciones que hacen hincapié en la dimensión personal pueden conducir a un entorno más próspero, y por lo tanto, a una mejora del rendimiento.